Mientras subiamos a casa, Torbe le ha hechado el ojo a nuestra vecina sin saber que le gusta el sexo tanto o más que a él, a nosotros nos lo va a decir. La llamamos, la convencemos para que nos acompañe, baja… y el tito Torbe descubre y disfruta lo guarra que nuestra vecina puede llegar a ser.
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